Génesis 1: Creación, ciencia y fe en armonía
El relato de la creación no pretende ser un manual científico sino una declaración teológica sobre quién es Dios y cuál es nuestro lugar en su creación.
"En el principio crió Dios los cielos y la tierra" (Génesis 1:1). Con estas diez palabras monumentales (siete en el texto hebreo original: Bereshit bará Elohim et hashamayim ve'et ha'aretz), las Escrituras abren el telón de la historia de la revelación. Durante siglos, los debates modernos han intentado enfrentar a Génesis 1 con las ciencias naturales, olvidando a menudo la pregunta hermenéutica fundamental: ¿qué tipo de texto es Génesis 1 y qué significaba para sus primeros lectores?
1. El diálogo con las cosmogonías del mundo antiguo
Cuando el pueblo de Israel salió de Egipto y se dirigió hacia Canaán, estaba rodeado de culturas politeístas cuyos mitos de origen (como el Enuma Elish babilónico o los relatos egipcios) presentaban la creación como el resultado de guerras violentas entre dioses caprichosos. En esos mitos, el sol, la luna, el mar y los astros eran divinidades temibles, y los seres humanos habían sido creados como esclavos para alimentar a los dioses mediante sacrificios.
Frente a esa cosmovisión, Génesis 1 proclama una verdad revolucionaria y liberadora:
- Un único Dios trascendente: Dios no surge del caos ni lucha contra monstruos primordiales; Él existe antes de toda materia y crea libremente mediante su Palabra soberana ("Y dijo Dios...").
- Desmitologización de la naturaleza: En el cuarto día (vv. 14-18), el autor ni siquiera usa los nombres hebreos habituales para el sol (shemesh) y la luna (yareaj), que eran nombres de deidades paganas, sino que los llama simplemente "la lumbrera mayor" y "la lumbrera menor": lámparas creadas por Dios para marcar las estaciones y servir a la vida.
- Bondad intrínseca del cosmos: Siete veces se repite el estribillo "Y vio Dios que era bueno", culminando en el versículo 31 con "era bueno en gran manera". La materia no es una prisión maligna, sino un templo ordenado por la sabiduría divina.
2. La arquitectura literaria de los seis días
Génesis 1 está escrito en una prosa poética exaltada y simétrica. En el versículo 2, la tierra se describe como tohu va-bohu ("desordenada y vacía", es decir, sin forma y sin habitantes). Los seis días de la creación se organizan en dos tríadas paralelas que resuelven exactamente esas dos carencias:
- Días 1 al 3 (Reinos de formación / orden):
- Día 1: Separación de la luz y las tinieblas.
- Día 2: Separación de las aguas superiores (cielo/atmósfera) y las aguas inferiores (mares).
- Día 3: Aparición de la tierra seca y la vegetación.
- Días 4 al 6 (Reinos de plenitud / habitantes):
- Día 4: Lumbreras celestes que gobiernan el día y la noche (corresponde al Día 1).
- Día 5: Aves del cielo y peces del mar (corresponde al Día 2).
- Día 6: Animales terrestres y el ser humano (corresponde al Día 3).
El séptimo día (Génesis 2:1-3) no tiene la fórmula "fue la tarde y la mañana", indicando que el reposo sagrado de Dios (Shabbat) es la meta del cosmos: Dios entronizado en su templo cósmico, invitando a la creación a participar de su comunión.
3. Imagen y semejanza de Dios: Dignidad universal y mayordomía
El clímax del relato llega en Génesis 1:26-27: "Y crió Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo crió; varón y hembra los crió". En Egipto y Mesopotamia, solo el rey o faraón era considerado "imagen del dios". Génesis democratiza radicalmente esta dignidad real: todo ser humano —hombre y mujer por igual, sin distinción de clase o raza— porta la imagen (tzelem) de su Creador.
Asimismo, el mandato de "señorear" y "sojuzgar" la tierra (v. 28), interpretado en conjunto con Génesis 2:15 ("labrarla y guardarla"), no es una licencia para la explotación destructiva, sino una delegación de mayordomía responsable: reflejar el cuidado sabio, justo y generoso del Rey creador hacia el resto de las criaturas.
4. Ciencia y fe: Dos libros que no se contradicen
Como afirmaban los padres de la Iglesia y pioneros de la ciencia moderna como Galileo y Kepler, Dios se revela en dos libros: el Libro de las Escrituras y el Libro de la Naturaleza. Cuando ambos se interpretan correctamente según su propio género y método, no puede haber conflicto real entre ellos:
- La ciencia investiga el cómo y los procesos físicos secundarios mediante los cuales funciona y se desarrolla el universo observable.
- La fe bíblica revela el Quién y el para qué: que el universo no es un accidente ciego sin propósito, sino la obra intencional de un Dios de amor, orden y belleza, quien en Jesucristo (Juan 1:1-3; Colosenses 1:16-17) sostiene todas las cosas y las dirige hacia una nueva creación redimida.